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20 diciembre 2017

1.950 Kilómetros.

Haz de mis días música ligera para el alma. Tengo 1.950 razones para querer ver tu sonrisa cerca de la mía. ¿Como lo haces? ¿Como consigues una sonrisa cuando mis errores me persiguen?
Consúmeme poco a poco, pero consúmeme cualquier día entre semana, quiéreme los fines de semana, adórame los domingos por la mañana. Llámame cuando el silencio sea insoportable, cuando los miedos vuelvan para apagar tu luz. Alejemos los fantasmas de ese pasado, caminemos hacia un futuro quizás breve, quizás intenso. Se mi quizás en este momento. Mi terremoto emocional, mi lluvia en este invierno. Sé aquello que quieras ser, menos París.
Vivo con el miedo de que me falles, pero vivo cada momento, por pequeño que sea. Sonrío en cada palabra, celebro el derribo del muro que nos separaba. Te imagino feliz por lo que ocurre en una pantalla. Quiero buscar la respuesta a este misterio. Dime ¿Por que tus ojos brillan desde hace un par de madrugadas?
Eres amarillo en este mundo gris. Eres sorpresa, eres la calma en mi tormenta. Eres ese mensaje de buenos días que te cura las penas, eres el culpable de que mis noches pasen y no pesen.  Eres la cuenta atrás o ese pequeño instante de felicidad. Ilumina Callao, haz que Gran Vía se pare durante un abrazo. Eres ese viaje en coche, con paradas breves conociendo un poco mas nuestro cuerpo. Eres emoción por recorrer España o esta habitación. Latido constante.
Eres esa voz que me dice: Arriésgate. ¿Y sabes que? Por ti, salto al vacío, sin pausa en el camino, con la sonrisa puesta ante este desafío. ¿Capaz?

24 agosto 2017

Cierra los ojos.

Después de tantas despedidas sigo teniendo miedo cada vez que se acerca la siguiente. Sigo esperándote cada vez que mi cuerpo se siente vacío por dentro. No he conseguido conocer a nadie que me quite esta sensación de vértigo.  Quiero poder volver a sonreír como si la vida no doliese. Aún tengo la esperanza de comprobar que si existen los finales felices, pero me desespero en las noches de insomnio aunque escuche a Sabina.
Escribo cuando duermo pocas horas, bebo intentando no pensarte aunque eso me hace recordarte y aún sigue sonando la alarma que me grita: Huye de aquí. Y empiezo a pensar que quizás hay lagrimas que no he aprendido a derramar.
Subo el volumen e intento pensar que mañana todo irá mejor. Pero no. Todo sigue igual.  Sigo disimulando que tu disparo no dolió, pero me estoy desangrando por dentro. Lo más cerca que estuve de superarte, me atraganté con tu recuerdo.