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02 julio 2014

Hielo.

La historia de cómo te conocí no es la más fácil ni la más placentera, en cambio mi imaginación se desborda cuando ve tu sonrisa. Después de varios intentos decidimos quedar para tomar algo.  Con unas copas de más fuimos a tu casa, tumbada en el sofá tenía claro lo que quería. Tu fumando algo de hierba que tenias guardado y yo molestándote con mi pie. Mis dedos jugaban con mi pelo, mientras tú me mirabas, sonreías. Ver tu sonrisa, verte bajar por completo el muro, me excitaba más de lo que me imaginaba. Te acercaste y me besaste. Comenzaste con cierta timidez, mordiendo mis labios con dulzura, besos leves hasta que armándome de valor introduje la lengua y te besé con fuerza. ¡Dios! No me decepciono, tu lengua jugando con la mía, poseyéndola, querías que fuese tuya con ganas, con fuerza, con algo más que deseo.

Me agarras y me pones encima de ti. Aún recuerdo el sabor de tus besos,
tus manos acariciándome la espalda, atrayéndome hacía ti, con suavidad, pero con deseo. Tus dedos me hacen temblar de excitación, tu sonrisa hace humedecer mi boca por segundos y cada parte de mi cuerpo está atenta a tus dedos deslizándose lentamente.  En este momento estoy a punto de descubrir cómo era sentirte, ser débil entre tus brazos, pero cuando intente desabrochar tu pantalón, cambiaste tu gesto y me paraste bruscamente. Me besas dulcemente y me bajas los pantalones, muerdes mis bragas negras y me pides que levante las caderas. Resoplando te hago caso, mientras te deshaces de mi ropa. Estoy desnuda ante ti, nerviosa, tontamente nerviosa. Muerdes mi muslo, yo deseando que mordieras otra cosa, pero te concentras en besar mis piernas, en morder, en saborearlas. Me coges en brazos y me llevas a tu cama, cogiste unas esposas, intento negarme, te pego una patada en la rodilla, cosa que claramente te enfada y me atas con brusquedad. Me besas suavemente y recorres cada parte de mi cuerpo con tu lengua hasta llegar a mi clítoris, que muerdes lentamente. Un gemido sale de mi boca, maldigo mil veces. Cierro los ojos intentado mantener el control de la situación, pero noto tus labios besándome, tu lengua lamiéndome con delicadeza antes de deslizarla con suavidad hacia el interior.  Muevo mis manos con fuerza, pero las esposas me impiden agarrar tu cabeza, mientras mi cuerpo se revuelve de placer, cada vez más cerca del éxtasis. Tiemblo de placer por tus lametazos, y cuando pensaba que no podía perder más el control, vuelves a morderme el clítoris, y me pierdo de manera salvaje, gimiendo de manera casi escandalosa al ver las estrellas gracias a los movimientos de tu lengua. Te miro y la seriedad de tu rostro helo mi piel. Con suavidad me quitas las esposas, y me besas la mejilla. 

Tras varias caricias. Te miro mientras mis manos descienden hasta llegar a tu pantalón. Envolviéndote la polla e imitando tus movimientos hasta obtener tu gemido. Agarro con firmeza tu polla y desciendo para metérmela en la boca. Noto la presión cuando mis labios rozan tu suave polla. La chupo despacio, tengo tiempo para ser tu diosa. Quiero saborear los dulces gemidos que provocaban mis juegos. Disfrutando del instante en el que tus manos agarran mi cabeza  Me encanta hacerte temblar, oír como se te acelera la respiración. Notar como tu polla crecía en mi. Aumento el ímpetu de mis movimientos, me agarras del pelo soltando un leve gemido. Intento levantar la vista pero hundes con fuerza tu polla en mi garganta. Sin poder dejar de chuparte la polla un instante, me muevo deprisa, sin darte tregua. Quiero verte gemir, ver cómo te corres. Tras un fuerte gemido compruebo que por primera vez has perdido el control, sonríes maliciosamente, me agarras con fuerza y procedes a follarme fuertemente la boca.  Respiras con fuerza, mientras tus manos agarraban con firmeza mi cabeza. Sacas tu polla de mi boca. De un empujón me tumbas en la cama, separas mis piernas, y con suavidad muerdes mi muslo.  Sonríes al pasar tus dedos por mi clítoris y notar mi humedad, pero muerdes tu labio cuando tu polla resbala por culpa de mi humedad. Levanto mis caderas, y noto como tu miembro se introduce suavemente en mí. No puedo resistirme, gimo levemente. Disfruto de la sensación de ser penetrada después de tantas fantasías. Encantada con tenerte ahí para mí, me abrí un poco más para sentirte mejor. Tu fuerza rompe mis esquemas. ¿Será el deseo de que sea tuya? Matas mi timidez a base de movimientos duros, movimientos de placer que me están haciendo enloquecer. ¡Dios! Gimo enloquecidamente. Mis uñas arañan tu espalda, sonríes pero me das un golpe que acaba por matarme.  Te mueves lento, dejas tu polla dentro un momento para acercarte y morderme fuerte el pezón. El dolor que genera tu mordisco es igual al placer que siento con el movimiento, con notar tu polla dentro de mí. Me rompes, y no solo los esquemas. Cedo mi control para someterme a tu poder, para sentir más que placer. Tus movimientos, tu mirada clavada en la mía.  Arqueo la espalda en tu último movimiento. ¡Dios!


Nos quedamos tumbados en la cama,  aún entre jadeos por lo que acabábamos de hacer. Enredados entre las sábanas, intentando recuperar el aliento mientras el sudor se secaba. Te miré a los ojos, vi tu cara relajada la cual era imposible de relacionar con el hombre duro que siempre tenía delante. No podía creer que durante unas horas bajaras tu muro y me pertenecieras. 

1 comentario:

Nerea dijo...

Hola cielo, decirte que tienes un premio en mi blog.
Un besito.